Introducción

Recopilación de descarrilamientos y choques en el mundo citando la fuente y créditos fotográficos. Sitio sin fines de lucro.

Quintinshill, 1915

Gran Bretaña

Dos colisiones en cosa de un minuto, en las que intervinieron directamente tres trenes y se vieron afectados otros dos, originaron la peor catástrofe ferroviaria ocurrida en Gran Bretaña. Hubo 227 muertos y 246 heridos. Todo se debió a que los guardagujas se olvidaron de un tren que podían ver perfectamente.

Catástrofe en tiempos de guerra
El fallo de los guardagujas de Quintinshill ocasionó la peor catástrofe de los ferrocarriles británicos. El convoy militar que iba de Larbert a Liverpool se abalanzó cuesta abajo contra la locomotora n° 907 (una pesada 4-6-0) situada en cabeza de un tren local detenido en la estación. El choque frontal fue sumamente violento; la máquina del convoy militar quedó tumbada de costado y la mayoría de los coches, que eran de madera, hechos pedazos. Pero lo peor vino después: los guardagujas se acordaron demasiado tarde de que se acercaba un expreso con coches cama, el de Euston-Glasgow, arrastrado por dos locomotoras. La pareja de la locomotora y el jefe del tren local corrieron por la vía para dar la voz de alarma; a pesar de sus frenéticos esfuerzos, el expreso de 600 toneladas se estrelló contra los restos del convoy. Para completar la tragedia, éste tenía iluminación a gas y comenzó a arder a causa de las brasas de carbón que salieron despedidas de la máquina. El fuego se propagó como una pesadilla; el resultado fue una atroz carnicería.
Es el 22 de mayo de 1915. Corren tiempos de guerra: las fuerzas aliadas libran en Francia una guerra estática de trincheras contra Alemania. En Gran Bretaña hay mucho movimiento de tropas hacia los campos de instrucción antes de que se unan a sus camaradas en el frente.
A las 3.45h de la madrugada de ese sábado, un batallón del 7° Regimiento de Royal Scotts partió de Larbert, Stirlingshire, con destino a Liverpool. Iban en un tren especial compuesto por viejos coches de madera sin pasillo, todos -excepto uno con iluminación de gas. Normalmente no se habría utilizado este tipo de coches en un viaje de larga distancia, pero la guerra obligaba a emplear cualquier vehículo disponible.
El Gobierno era quien controlaba todos los ferrocarriles, así que no era insólito que los trenes de una Compañía circularan por las líneas de otra. La máquina que arrastró el convoy militar hasta Carlisle era una Caledonian McIntosh 4-4-0, la n° 121.
El convoy emprendió camino hacia Kirkpatrick y Quintinshill, un pequeño puesto de bloqueo a unos 5 km más al Sur. Dos trenes de coches cama procedentes de la estación de Euston -el de las 11.45h a Edimburgo y Aberdeen y el de medianoche a Glasgow- tenían programada su salida de Carlisle a las 5.50h y las 6.05h de la mañana, respectivamente, y les seguiría el tren local de las 6.10h a Beattock.
Como el tren local enlazaba con un importante servicio de Cercanías de Beattock a Glasgow, las autoridades procuraban que cumpliera el horario. Aun cuando los trenes de coches-cama se retrasaran, el local partiría a su hora y cambiaría de vía en Quintinshill o Kirkpatrick. En circunstancias normales, sólo tendría que esperar en el apartadero de la vía impar de Quintinshill a que pasaran los expresos.

Una enorme locomotora Mclntosh Cardean 4-6-0 arrastraba el tren local de las 6.10h en el recorrido Carlisle-Beattock. Corrían tiempos de guerra y se empleaba cualquier energía motriz con tal de que cumpliera su cometido.
Infracción del reglamento
Los guardagujas de Quintinshill hacían dos turnos principales de 10 horas, mientras un relevo cubría las cuatro horas restantes. En principio, el cambio de turno se hacía a las 6.00h de la mañana. Los dos hombres implicados en el accidente vivían en Gretna y acudían al trabajo andando o en bicicleta. No obstante, se había impuesto la costumbre de que el operario de día cogiera el tren local en Gretna cuando paraba en Quintinshill, relevando a su compañero al llegar allí, pero en ocasiones el tren llegaba media hora más tarde del cambio de turno, lo que suponía una clara infracción del reglamento.
Para evitar que se descubriera, a las 6.00h de la mañana el guardagujas de noche dejaba de hacer anotaciones en el libro de registro; a partir de ese momento, apuntaba en un trozo de papel las horas en que enviaba o recibía a través del timbre mensajes codificados sobre el movimiento de trenes, con objeto de que su compañero las copiara de su puño y letra en el libro en cuanto llegara.
El 22 de mayo, el guardagujas Tinsley se enteró en la estación de empalme de Gretna de que el tren local se detendría en Quintinshill. Montó en él; al llegar a su destino, el apartadero de la vía impar estaba ocupado por un tren de mercancías.
El tren local fue detenido en la vía impar y obligado a retroceder más allá del cruce para cambiarse a la vía principal con objeto de dejar libre la impar para que pasaran los trenes de Londres. Al mismo tiempo, un tren vacío estaba entrando en el apartadero de la vía principal para dejar paso al convoy militar especial con destino a Liverpool.
El guardagujas del turno de noche, Meakin, entregó sus apuntes a Tinsley -que empezó a  copiarlos en el libro de registro- y se sentó para leer el periódico que acababa de traer su compañero. El primero de los dos trenes de coches-cama recibió autorización de Gretna para salir en cuanto el tren local dejara la vía libre; pasó sin contratiempos a las 6.38h. 
Ninguno de los dos ferroviarios recordó que hubiera dado la señal de salida al tren de mercancías de la línea principal ni el indicador de vía libre a Kirkpatrick para dar paso al convoy militar. Desde luego, tampoco enviaron a Kirkpatrick la indicación de anuncio de parada en la señal de entrada para proteger al tren local detenido en la vía principal junto al centro de control de agujas.
Ni siquiera pusieron un "frenillo" en la palanca de la señal de salida. Esta arandela metálica les habría recordado que no debían tirar de la palanca para abrir la señal, debido al tren local que estaba detenido en la vía principal.
Tinsley dio conformidad a Gretna para que pasara el segundo de los trenes de coches-cama y, tras recibir la aceptación de Kirkpatrick, dio señal de vía libre en la línea impar. Momentos después Kirkpatrick pidió paso para el convoy militar de Larbert a Liverpool.
Tinsley no sólo le dio conformidad, sino que pidió paso a Gretna y dio señal de vía libre en la línea principal, sin tener en cuenta el tren local que la ocupaba justo delante de él. El escenario de la tragedia estaba dispuesto.
Hubo todavía otra oportunidad de salvar la situación. El fogonero del tren local se presentó en el centro de control de agujas para cumplir la norma n° 55. Incluso habiendo señalización mecánica en las líneas sin circuito de vía, esta norma -y su subordinada, la K3- es una de las más importantes del reglamento: indica al guardagujas la posición de un tren.
El fogonero notificó al guardagujas la posición de su tren, visible desde la ventana del centro de control; pero no comprobó que se tomaran las medidas oportunas para protegerlo enviando la señal de bloqueo o utilizando los "frenillos" de las palancas. La última oportunidad se había esfumado.

Los equipos de socorro dirigen las mangueras sobre los restos humeantes de uno de los coches de cola del convoy militar. El hecho de que los 15 coches fueran en su mayor parte de madera, que los depósitos de gas para la iluminación se acabaran de recargar y que salieran despedidos carbones encendidos de las tres locomotoras provocó un incendio que agravó la catástrofe hasta proporciones inimaginables. El fuego duró cerca de 24 horas y, según The Times, "originó tales escenas que todo el que las vio las recordará con un estremecimiento hasta el fin de sus días".
El choque
El convoy militar circulaba cuesta abajo a una velocidad de unos 110 km/h con todos los indicadores señalando vía libre. De pronto, justo enfrente de él, surgió la gran locomotora del tren local, la Cardean 4-6-0 n° 907: la embistió con una fuerza colosal.
La máquina del tren local resultó muy dañada, pero la del convoy militar -la n° 121- quedó completamente destruida. El ténder, desplazándose de costado, fue a parar a la vía impar, sepultado por un montón de restos de los coches y furgones del convoy militar que habían salido despedidos por encima de ambas locomotoras.
Los dos guardagujas se quedaron horrorizados. «¿Qué has hecho?», interpeló Meakin a Tinsley. «¡Has dejado aquí al tren local! ¿Y dónde está el de las 6.50 h ?».
Se precipitaron hacia las palancas de señales de la vía impar y las manipularon para indicar peligro, pero ya era demasiado tarde. El expreso con coches-cama procedente de Londres, arrastrado por dos locomotoras 4-4-0, se abalanzó a casi 100 km/h sobre los restos de la colisión anterior, lanzando al ténder de la máquina n° 121 contra el tren de mercancías estacionado en el apartadero de la vía impar. Habían salido despedidos carbones encendidos de las máquinas y el gas se escapaba de los depósitos situados bajo los viejos coches de madera del convoy militar. El amasijo de restos pronto empezó a arder; el incendio se prolongaría durante todo el día y gran parte de la noche siguiente. Los que no pudieron escapar después de los choques, murieron abrasados.
La carnicería fue indescriptible. De los cerca de 500 soldados transportados en el convoy, sólo 53 formaron filas después del accidente: cerca de 215 militares habían muerto y otros 191 estaban heridos. Nunca se supo el número exacto de víctimas porque la lista de la tropa se destruyó en el incendio. Además de los soldados, murieron 10 civiles: dos pasajeros del tren local, ocho del expreso y el maquinista y el fogonero del convoy militar.


"Frenillos" de palanca 
Todas las Compañías ferroviarias utilizaban estas arandelas metálicas de seguridad. Cuando un tren ocupaba un tramo de vía, esto impedirá una maniobra accidental.
La Caledonian Mclntosh 4-4-0 n° 121 arrastraba el convoy militar que sé precipitó hacia el desastre; sus 550 toneladas se estrellaron a 110 km/h contra un tren local. El convoy, que tenía una longitud de 195 m, quedó reducido a 61 m tras la colisión.
Resultado de la investigación
El funcionario a cargo de la investigación no recomendó la adopción de nuevas tecnologías para aumentar la seguridad, aún cuando los circuitos de vía -que estaban empezando a instalarse por aquella época- hubieran evitado que dos trenes utilizaran a la vez el mismo tramo. No le pareció razonable que Caledonian Railway realizara semejante inversión en poblaciones como Quintinshill, donde el trazado era sencillo y los guardagujas tenían buena visibilidad de los trenes.
La investigación determinó que el accidente se debió a un descuido inexcusable. Si se hubiera observado el reglamento no habría sucedido. Si el fogonero del tren local no hubiera abandonado el centro de . control sig asegurarse antes de que se habían tomado las medidas de seguridad oportunas, la tragedia se habría evitado.
Tinsley y Meakin fueron declarados culpables de homicidio por el tribunal de Edimburgo (en Escocia no se contemplaba el homicidio sin premeditación) y condenados, respectivamente, a tres años de trabajos forzados y 18 meses de prisión.
Hasta que no se generalizó el empleo de circuitos de vía y otros sistemas de seguridad automáticos, hubo muchos accidentes debidos a errores de los guardagujas; pero en ninguno se dio la trágica cadena de circunstancias que hizo que Quintinshill se convirtiera en la peor catástrofe ferroviaria británica.                                          

Los bomberos de Carlisle tardaron tres horas en llegar al lugar de los hechos. El fuego, avivado por una persistente brisa, se propagó rápidamente: muchos de los pasajeros que habían sobrevivido a las colisiones perecieron entre las llamas. La tragedia se hizo patente al pasar lista a la tropa: de aproximadamente 500 soldados, 446 estaban muertos o heridos.
¿Cuál fue el error?
La causa directa fue que los guardagujas se olvidaron del tren local estacionado en la vía principal, aun cuando acababa de llegar. No cumplieron lo establecido por el reglamento para tales casos, e infringieron el horario de cambio de turno. Tinsley estaba ocupado copiando en el libro de registro los movimientos de trenes que había apuntado su compañero en un papel.
El fogonero no cumplió plenamente la regla 55 al no cerciorarse de que el guardagujas llevaba a cabo el procedimiento de protección.
El procedimiento correcto
El guardagujas debería haber enviado la indicación de anuncio de parada en la señal de entrada a Kirkpatrick y puesto el indicador de "Tren estacionado". También debería haber puesto un "frenillo" en la palanca de la señal de salida para que no se liberase mientras el tren local permanecía en ese tramo de vía.
El escenario del desastre 
Quintinshill, una pequeña aldea al norte de Carlisle, forma parte de la ruta de la costa oeste procedente de Londres.
A unos 2,5 km al Sur está la estación de empalme de Gretna, y a unos 3 km al Norte el centro de control de agujas de Kirkpatrick.
En Quintinshill había y sigue habiendo dos vías desviadas para apartar los trenes de mercancías. No existían circuitos de vía.

Fuente: El Mundo de los Trenes - Ediciones del Prado S.A. 1998 - Madrid - España

Dolores (Argentina) 2008

Choque en P.A.N. Ruta 63

Domingo 9 de marzo de 2008. Dieciocho muertos por cruzar las barreras bajas. Quedó detenido el conductor de la tragedia de Dolores. Fue imputado por homicidio luego de prestar declaración indagatoria; dijo que no vio la barrera; liberaron al acompañante.

Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
El chofer del ómnibus de dos pisos que fue arrollado ayer por una formación ferroviaria tras cruzar un paso a nivel con las barreras bajas donde 18 personas murieron, quedó detenido hoy a disposición de la Justicia de Dolores e imputado por homicidio con dolo eventual y lesiones graves. Esta mañana había sido trasladado ante la fiscal María Fernanda Hachmann y la jueza de garantías Laura Elías para prestar declaración indagatoria. Se trata de Javier Rodríguez responsable de la conducción del interno 58 de la empresa El Rápido Argentino que, según los testigos y las fuentes oficiales y policiales, cruzó la barrera baja y omitió las señales del tren, que los embistió segundos después.

Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Con esto la jueza respondió al pedido de la fiscalía, que había solicitado para Rodríguez el procesamiento por homicidio con dolo eventual (con prisión de entre 8 a 25 años) e hizo lugar al pedido de detención, por lo que el conductor quedó alojado en la comisaría 1° de Dolores. Sin embargo, la jueza consideró que no había pruebas suficientes para la acusación presentada por la fiscal contra Luis Garófalo, el acompañante de Rodríguez, que también fue trasladado esta mañana pero no llegó a prestar declaración indagatoria. En consecuencia, la Justicia no lo imputó (habían solicitado homicidio culposo, que prevé penas de entre 5 a 8 años) en el proceso que acaba de iniciar y resolvió otorgarle la libertad. "El dijo que no vio la barrera, y además dijo que tampoco vio la señalización funcionado", dijo esta tarde Oscar Salas, abogado del chofer detenido. En tanto, fuentes del Ministerio de Salud provincial confirmaron a LA NACION.com que continuaban internadas tres personas en estado muy crítico del total de 14 alojadas en el sistema público. Tristeza. Esta mañana, Salas, había repetido en declaraciones radiales y televisivas: "El muchacho está en estado de shock, casi paralizado, tiene una tristeza absolutamente terrible, me conmovió. Es una tragedia terrible, escandalosa, una catástrofe. Entiendo la situación de este chófer, que no es un delincuente, me conmovió su tristeza, tomamos contacto ayer y no podía emitir sonido, no podía hablar". El letrado confirmó que ayer quien estaba detrás del volante era su representado y que estaba por cambiar la dirección con el copiloto cuando ocurrió la tragedia. Además dijo conocer la situación de los conductores de colectivos de larga distancia, que trabajan más horas de las permitidas por ley: “Que los chóferes descansan poco es verdad, por lo menos este [por Rodríguez] había descansado poco”, sostuvo.

Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
En tanto, Máximo Mazzuchi, vocero de la empresa Ferrobaires, confirmó que los sistemas de seguridad del paso a nivel funcionaron "normalmente", citando el testimonio de los maquinistas que guiaban la formación que arrolló a un ómnibus. La formación estaba por cruzar el paso a nivel con la barrera baja y "de golpe se les vino encima el ómnibus" cuyo conductor cruzó, contó Mazzuchi, en diálogo con el programa radial FM Global Station. El vocero informó además que según lo que le relataron los conductores del tren, la barrera se accionó automáticamente cuando el tren estaba a 800 metros de distancia y sonaron las correspondientes alarmas. Indicó que los conductores, "en estado de shock" por la tragedia que acababan de protagonizar, declararon que todo funcionó normalmente y de golpe "el micro se les vino encima y no alcanzaron a frenar, porque ya llegaban con una velocidad importante al paso a nivel". Informó el vocero que 80 trabajadores de Ferrobaires continuaban trabajando en el lugar del accidente, donde la locomotora y dos vagones descarrilados permanecen en el lugar del siniestro, además de un tramo de las vías roto. En tanto, el servicio de trenes de Ferrobaires que une a la estación de Constitución con Mar del Plata y Pinamar recién se reanudaría el próximo miércoles, una vez que se remuevan los vagones dañados en el trágico accidente y se reconstruyan las vías cortadas. Según relató el vocero de la empresa ferroviaria, a los pasajeros que habían adquirido con anticipación los boletos se les estaba devolviendo el importe. "Todos los viajes programados fueron cancelados y el servicio quedó totalmente interrumpido", afirmó el portavoz de Ferrobaires, quien consideró que "esperamos en las últimas horas de hoy tener un panorama más completo para ver si el martes o el miércoles se puede restablecer el servicio".

Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Foto Mauro V. Rizzi - La Nación.
Fuente: La Nación - Buenos Aires - Argentina

Peine (Alemania) 2010

CHOQUE DE TRENES EN ALEMANIA

El jueves 17 de junio de 2010 en la ciudad de Peine, al norte de Alemania, un tren de pasajeros y otro de mercancías colisionaron dejando varios heridos y un caos ferroviario en el norte de Alemania con el corte de la línea entre Braunschweing y Hannover. El Tren de mercancías descarriló y chocó contra el convoy de pasajeros que circulaba en sentido contrario. La locomotora y dos vagones cayeron hasta el jardín de una casa privada. La colisión de dos trenes, uno de pasajeros y otro de carga, cerca de la localidad de Peine causó heridas a 16 personas y un caos ferroviario en el norte de Alemania con el corte de la línea entre Braunschweig y Hannover, una de las arterias de ferrocarril del país. Al parecer el siniestro se produjo cuando el tren de mercancías descarriló poco antes de un puente y chocó contra un convoy de pasajeros que circulaba en sentido contrario y que se salió igualmente de la vía, informó hoy la policía. La colisión, que se produjo poco antes de la medianoche, hizo que la locomotora y los dos primeros vagones del tren de pasajeros saltasen de los raíles y cayeran por un terraplén hasta el jardín de una casa privada. El accidente causó heridas de gravedad al conductor de la locomotora y lesiones leves a 15 de los 65 pasajeros que viajaban en el tren regional, mientras el maquinista del convoy de carga resultó ileso. La policía señaló que se desconocen aún las causas del descarrilamiento del tren que arrastraba un convoy cargado de grava que provocó el siniestro. El accidente obligó al cierre de la importante línea ferroviaria entre las localidades de Vöhrum y Peine, que no se espera pueda reabrirse antes de mañana, debido a los complicados trabajos para retirar los vagones de los dos trenes.

Así quedaron los dos trenes.
El tren de carga se descarriló y chocó al tren regional que venía en dirección opuesta.
La locomotora del tren de pasajeros volcada en el jardín de una casa.
El conductor del tren de pasajeros también resultó herido.
La locomotora y coches del tren de pasajeros en el jardín de una propiedad privada.
Vehículos del tren de carga volcados y destruidos.
La fotografía es más que elocuente del terrible choque.
Sólo dos coches del tren de pasajeros quedaron sobre las vías.
Otra vista de la locomotora volcada en el jardín de la propiedad privada.
Fuente sitios web y agencias.

Descarrilamiento en Bélgica

Leuven (Bélgica), 18 de febrero de 2017

Un tren de pasajeros se descarriló hoy sábado 18 de febrero de 2017 y quedó volcado en uno de sus costados cerca de Bruselas, en un percance que dejó una persona muerta y 20 heridas, informaron las autoridades.
El alcalde de Leuven, Louis Tobback, dijo que la persona que murió en el accidente posiblemente no iba a bordo del tren, sino que se vio atrapado o estaba cerca de las vías.
El accidente ocurrió por la tarde, cuando el tren partía de la estación Leuven a baja velocidad en dirección del aeropuerto de Bruselas y la capital de Bélgica.
Fotos del accidente mostraban un pasajero tendido en el suelo. Tobback dijo que la mayoría de los heridos tuvieron lesiones menores.
Todo el tráfico ferroviario de entrada y salida en Leuven, a unos 20 kilómetros (12 millas) al este de Bruselas, se vio interrumpido por el descarrilamiento. Las autoridades investigan las causas. 

 EFE
EFE
EFE
EFE
EFE
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Choque Frontal en Luxemburgo

Ocurrió el 14 de febrero de 2017 entre un tren de pasajeros y otro de mercancías. 

El choque ocurrido el 14 de febrero de 2017
Una colisión entre un tren de viajeros y otro de mercancías ocurrida hoy cerca de la frontera entre Francia y Luxemburgo ha causado al menos un muerto y cinco heridos, informó un portavoz de la empresa nacional de ferrocarriles de Luxemburgo, CFL.
El accidente, cuyas causas se desconocen de momento, se produjo en torno a las 09:00 hora local (08:00 GMT), cuando los trenes chocaron en Dudelange.
Las primeras informaciones apuntaban a que el choque no había causado víctimas mortales, pero la Policía indicó posteriormente que uno de los heridos había fallecido.
El accidente ha causado perturbaciones en la red de ferrocarriles que afectan en particular a las comunicaciones entre Luxemburgo y Francia.
Los ministros luxemburgueses de Infraestructuras, François Bausch, y del Interior, Dan Kersch, se han personado en el lugar de los hechos.

Otra vista del accidente, aparentemente uno de los trenes no respetó una señal en rojo.
Uno de los maquinistas ha fallecido. 
Fuente: Reuter, EFE, sitios Web

Genthin 1939

Una noche brumosa del primer invierno de la II Guerra Mundial, el maquinista de un pesado tren nocturno procedente de Berlín no paró en una señal de peligro y chocó contra un tren que estaba parado en la estación de Genthin matando a 186 personas; pero ésa no fue la única catástrofe ferroviaria de aquél fatídico día en Alemania...

Antes de que las tropas alemanas entraran a Polonia el 1 de septiembre de 1939, los ferrocarriles estatales alemanes empezaron a reducir el número de trenes de viajeros, a fin de asegurar que hubiera trenes suficientes para cubrir las necesidades militares. Esto significaba tener que añadir más coches a los trenes de viajeros que aún funcionaban, pero aún así iban abarrotados, pues el personal militar tenía que utilizarlos con frecuencia como civiles. Al incrementar el número de coches de cada tren, las paradas se hacían aun más largas para permitir que la gran cantidad de viajeros que en ellos iban pudieran entrar y salir.
La semana antes de Navidad se supo que todos aquellos que, por la guerra, estaban de reserva o con permisos, querían ir a sus casas a pasar unos cuantos días con la familia. Por ello, el día 21 de diciembre todos los trenes iban atestados de gente. Los militares heridos, que tenían billetes reducidos para volver a casa a descansar unos cuantos días, se añadieron al número de viajeros.
De este modo, una noche muy fría y con una espesa niebla, dos trenes expresos con multitud de personas a bordo se dirigían hacia el oeste procedentes de Berlín; era justo antes de la medianoche de un 21 de diciembre de 1939.
El tren expreso D10, con destino a Colonia y programado para parar en Brandeburgo y en Magdeburgo, registro su salida de la estación Postdam de Berlín a las 23:15 horas. El tren llevaba coches cama Mitropa, coches normales y furgones de correos; pero, además, llevaba coches extras para las aglomeraciones prenavideñas, lo que hacía un total de 12 vehículos. A consecuencia de la cantidad de gente que esperaba emprender viaje, el tren salió 5 minutos más tarde de Potsdam y 12 Brandeburgo. Aún así, unas cuantas estaciones más allá, se fue comprobando la marcha del tren con las señales, pues se iba acercando a otro. Tras pasar Wusterwitz, se le hizo esperar en la aproximación a Kade, no dándole vía libre hasta las 00:34 horas; por ese entonces, el tren ya llevaba 27 minutos de retraso. En la siguiente estación. Belicke, se le hizo parar de nuevo, y luego aceleró hasta Genthin, a 64 kilómetros de Potsdam. Pero en ese tramo, sólo pudo ponerse a 80 km/h. y no a la media de 105 km/h. necesaria para mantener el horario establecido.
Las señales de semáforos
Las señales de ese tramo, como las de las mayoría de las líneas alemanas de la época, eran mecánicas. Las señales de parada tenían un barzo de semáforo que sobresalía a la derecha del mástil largo de la señal. Cuando estaba horizontal y mostraba una luz roja por la noche, justo a la derecha del mástil, significaba peligro, parada. Cuando subía a 45º y mostraba una luz verde por la noche, significaba vía libre, continuar a velocidad normal. (En las bifurcaciones había semáforos diferentes que tenían los brazos uno encima del otro, pero éstos no estaban en la catástrofe de Genthin)
Las señales avanzadas (distancia) avisaban con antelación de las señales de parada que vendrían más adelante, y eran unos discos pintados de amarillo y montados en mástiles cortos. Para indicar precaución, el disco estaba de cara y mostraba una luz amarilla por la noche. Cuando la línea de delante estaba libre, el disco giraba sobre el mástil y se ponía de perfil al maquinista, mostrando una luz verde por la noche.
La primera señal que veía un maquinista al aproximarse a una estación era la señal avanzada (distancia), la "vorsignal". Esta estaba a distancia de frenado antes de que el tren alcanzara la señal de parada, a la cual se llamaba normalmente "einfahrsignal" o señal de entrada. A veces esta señal iba acompañada por otra "ausfahrvorsignal", o señal de salida o de bloqueo, que controlaba el movimiento en la sección de bloqueo. De este modo, incluso cuando la primera "einfahrsignal" estaba verde, sólo se podía aplicar a la primera "einfahrsignal", y se tenía que buscar la seguna "vorsignal" para ver si la "ausfahrvorsignal" de más allá iba a indicar peligro o vía libre.
Volviendo a la noche en cuestión, según estaba programado el expreso nocturno D180 de Berlín a Kasell y Neunkirchen, en el Saar, cerca de la frontera francesa, debería salir de Potsdam alrededor de la medianoche arrastrado por una 4-6-4 de la Serie 01, la Nº 01-158. Salió a la hora exacta, y aunque se había retrasado muy pocos minutos, el maquinista estaba deseando mantener el horario de 40 minutos hasta pasar Genthin, donde debía llegar a las 0:44 horas.
Hasta más allá de Brandeburgo, el D180 encontró todas la señales en vía libre. Tras pasar Kirchmoser, el fogonero vio la señal avanzada (distancia) en amarillo (naranja) y avisó al maquinista de que tenían que parar. Los ferrocarriles alemanes circulan por la derecha y las señales están normalmente a la derecha. En los tiempos de la tracción a vapor, el maquinista iba por lo tanto a la derecha y el fogonero, si no estaba alimentando el fuego u ocupándose del carbón o del agua, a la izquierda. El maquinista del D180 hizo sonar el silbato de la máquina, pero no intentó parar y, seguramente, cuando el tren llegó a Wusterwitz las señales de parada daban vía libre.
El D180 continuó hasta la siguiente estación, Kade, donde otra vez la "vorsignal" indicaba precaución. El maquinista cortó el vapor y el tren quedó en punto muerto, pero al llegar a la estación la "einfahrsignal" , o señal de entrada, daba paso libre. Si bien la "ausfahrvorsignal", o señal de salida indicaba peligro cuando el maquinista la vio por primera vez, el brazo se levantó de vía libre y cuando el D180 llegó a ella, la señal mostraba la luz verde.

Montón de escombros en Genthin la mañana siguiente a la colisión. Debajo está el furgón de equipajes del tren D10, totalmente destrozado. Encima del extremo final derecho del furgón quedó volcada la cabina de la locomotora Pacific 01.158 que remolcaba el tren D180 que chocó contra el final del D10.    
Poca visibilidad
Pero la niebla ya estaba peor y era difícil ver las luces superiores de los brazos. Los discos "vorsignal" y las luces quedaban justo por debajo de la niebla. A veces, también, el humo que salía de la chimenea se iba hacia abajo, lo que empeoraba la visibilidad, y el maquinista tenía que cerrar el regulador para poder ver algo.
En la curva de la izquierda, pasado Kade, el maquinista del D180, avisó al fogonero para que dejara de alimentar el fuego y le ayudara a ver las señales en la aproximación a Belicke, pero el fogonero no pudo ver mucho más. Sin embargo, el maquinista estaba seguro de haber visto las señales de Belicke dando vía libre, de modo que el D180 pasó Bleicke a toda velocidad.
Pero en ese momento, el último D10 en circulación estaba entrando a Genthin, la siguiente estación, y el tramo de bloqueo no había vuelto a mostrar al D180 vía libre a Belicke. El D10 no circulaba rápido, pues aunque la "vorsignal" y la "einfahrsignal" en la cabina de enclavamientos de Genthin Este daban paso libre, la "ausfahrsignal" indicaba peligro, porque el tramo de bloqueo frente a él estaba aún ocupado por otro tren.
El tren equivocado se detiene
En Belicke, el guardagujas telefoneó a Genthin: "Pare el tren D180; acaba de pasarse mi señal de parada en rojo". La llamada la atendió un agente de servicio, a unos 800 metros de la cabina de enclavamientos de Genthin Este. El agente cogió un farol de mano y unos cuantos detonadores y corrió hacia la línea. Por desgracia, el D10 estaba aún pasando mientras él balanceaba el farol hacia Belicke, y fue visto por el fogonero del tren. ¡Pará!, gritó el fogonero al maquinista. Este aplicó el freno de emergencia. Mientras lo hacía, el D180 se aproximaba a toda velocidad en medio de la oscuridad y la niebla, convencido su maquinista de que la "vorsignal" y la "einfharsignal" de Genthin estaba aún dando vía libre al D10.
La enorme Pacific arremetió a más de 100 km/h contra el final del tren parado, con tal fuerza que la máquina se incendió bajo los últimos coches del otro tren. Los coches que no quedaron aplastados formando un amasijo de hierros y madera, saltaron por delante y por detrás de la locomotora como si fueran de juguete. Los dos trenes quedaron amontonados y hubo grandes pérdidas. Murieron nada menos que 186 personas, mientras que 101 resultaron gravemente heridas. Tanto el maquinista como el fogonero del D180 se salvaron milagrosamente: los laterales y el techo de la cabina les evitaron graves daños.

En el accidente murieron nada menos que 186 personas. En medio de los escombros hay un montón procedente de los coches traseros del D10, incluida la parte delantera final de un coche de pasillo lateral, encajonado entre los coches delanteros del D180, sobre todo por los coches cama del D180, encima de la pila, a la derecha.
Interrogan al maquinista
Las investigaciones demostraron rápidamente que el sistema de señalización de bloqueo estaba en orden y que los fahrdienstleiters (supervisores de circulación) de Belicke y de Genthin no habían cometido ningún error. Las señales de Belicke señalaron correctamente precaución y peligro contra el tren D180. En un principio, el maquinista del D180 insistía que las señales daban vía libre. Pudo haber visto en verde las señales de Genthin , ya que aún estaban mostrando vía libre al D10; sin embargo, el guardagujas de Genthin dijo que él las había vuelto a poner en precaución y peligro al oír casualmente la llamada telefónica de Belicke.
Pero, en cuanto a las señales de Belicke, la "vorsignal" señalaba precaución y la "einfahrsignal" y la "ausfahrsignal" señalaban peligro cuando se aproximaba el D180.
El maquinista y el fogonero del D180 fueron requeridos por la justicia para ser sometidos a interrogatorio. Pronto quedó claro que el maquinista era el único culpable por no detenerse ante las señales de peligro de Belicke, y, a pesar de haber declarado en el juicio que había buscado cuidadosamente las señales de Belicke tras haber visto las señales de precaución y de peligro en Wusterwitz y en Kade, fue condenado a tres años de cárcel. Salió a la luz que en sus 25 años de maquinista había tenido otros tres incidentes al rebasar señales de peligro.

Esta es la Pacific Nº 01.158 de la Serie 01, la máquina que remolcaba el tren D180 y que chocó contra la parte trasera del D10 tras haber pasado las señales de peligro a toda velocidad. Aquí la vemos tras haber sido enderezada y colocada sobre los rieles. Una vez reparada, esta locomotora estuvo circulando hasta el final de la tracción a vapor. 
Y ese mismo día, nuevamente entrada la noche, como si la catástrofe de Genthin no hubiera sido suficiente, hubo otro gran accidente ferroviario en Alemania, entre Markdorf y Kluftern en la vía única de la línea Friedrichshafen - Radolfzell, en la ribera norte del lago Constanza, cerca de la frontera Suiza. A consecuencia de un mal entendido entre dos supervisores de circulación, un tren de viajeros y un tren de mercancías, ambos sin luces de cabeza debido a las restricciones, colisionaron de frente. Como resultado del choque murieron 101 personas y 28 resultaron heridas. De este modo, el 22 de diciembre de 1939 pasó a ser el día más aciago de la historia ferroviaria alemana.
Fuente: El Mundo de los Trenes - Ediciones del Prado S.A. 1998 - Madrid – España

Sevenoaks 1927

Una gran máquina ténder 264 que arrastraba un tren expreso de Cannon Street a Deal, el 24 de agosto de 1927, comenzó a bambolearse cuando iba a 97 km/h según se aproximaba a Sevenoaks. La máquina descarriló y el tren fue a estrellarse contra los pilares de un puente; a consecuencia del choque murieron 13 pasajeros.

Como tantos veranos ingleses, el de 1927 fue muy húmedo. Incluso se podría decir que fue el verano más húmedo que se recordaba en muchos años en el sur de Inglaterra. El 24 de agosto no era un día muy diferente. Esa mañana habían descargado tres grandes tormentas sobre la campiña de Kent; el suelo estaba encharcado y el terreno cretáceo y calizo había perdido parte de su firmeza.
La antigua línea principal del South Eastem Railway que nacía en Charing Cross y Cannon Street, discurría por el puente de Londres y, en seguida, tras pasar por New Cross -a ocho kilómetros de la salida- comenzaba a ascender los 19 km que le separaban de la cumbre de North Downs, en Knockholt. Las rampas eran de al menos 8,33 milésimas por metro aunque en ocasiones, concretamente en Orpington, disminuían hasta 3,22 milésimas por metro. Una vez arriba, había una bajada hacia Dunton Green de unos seis kilómetros, pero los trenes se metían de inmediato en el túnel Polhill, de unos 2.380 metros.
Al salir del túnel, los trenes discurrían por profundas zanjas y terraplenes hasta llegar a la cuesta de Dunton Green, desde donde había tres kilómetros de subida hasta Sevenoaks. Al acercarse a este punto la línea se metía en garganta sobre la que cruzaba un puente por el que circulaba el tráfico rodando. Su forma era poco corriente porque tenía arcos separados para cada una de las vías; por tanto había un pilar entre las líneas de subida y bajada.
El expreso de las 5 de la tarde desde Cannon Street a Deal, vía Ashford y Folkestone, debía cubrir su recorrido de 90 km en 65 minutos, sin hacer ninguna parada hasta llegar a Ashford. Era un horario apretado debido a la lentitud exigida en el comienzo del tramo a causa de lo tortuoso de la vía entre Cannon Street y el puente de Londres. Dos de las empresas que formaban Southern Railway -London Brighton & South Coast Railway (LBSCR) y South Eastern & Chatham Railway (SECR)- disponían de grandes máquinas ténder para arrastrar los expresos que iban hacia la costa. Su recorrido era relativamente corto, de unos 80 a 110 km, a diferencia de lo que sucedía en otros ferrocarriles, en los que normalmente este tipo de máquinas se utilizaba para arrastrar trenes de larga distancia.
A pesar de que las máquinas ténder estaban diseñadas para circular en ambas direcciones con objeto de no tener que dar la vuelta, los maquinistas de Southem preferían que la máquina estuviera a la cabeza del tren, por lo que generalmente le daban la vuelta al finalizar el trayecto. Al tren de las 5 de la tarde se le había asignado la n° A800 River Cray, de la Serie K 2-6-4T.
Como todas las máquinas de SECR diseñadas por Maunsell, las de la serie River tenían una línea vanguardista. Disponían de correderas de distribución Waischaert exteriores, con la plataforma instalada por encima del nivel de los cilindros y ruedas motrices, descendiendo luego de nivel en la zona de la cabina y la carbonera. Esto quiere decir que los depósitos de agua estaban situados en la parte más elevada de la plataforma.

Las ruedas acopladas delanteras de la locomotora fueron las primeras en descarrilar aunque en principio se creyó que el culpable había sido el boggie giratorio delantero, que acabó debajo de las ruedas motrices. Otros daños originados a la máquina fueron la destrucción de la mayor parte de la maquinaria. El cilindro izquierdo, el pistón, la válvula del pistón y el tope. Los depósitos, la cabina del conductor y la carbonera también sufrieron las consecuencias del choque.
Fuerte bamboleo
El tren ya había superado la subida hacia Knockholt y aceleró en el túnel de Polhill a unos 90 o 95 km/h. Continuó hacia Dunton Green y, aunque el conductor dijo después que la máquina había estado funcionando normalmente, a algunos pasajeros les pareció que los coches circulaban ladeados entre Polhill y Dunton Green. Cuando atravesó los cambios de agujas de la estación de Dunton Green, el maquinista notó que la máquina iba bastante mal, traqueteando y con un fuerte balanceo de costado. Había dado más vapor para la subida de Sevenoaks y de repente percibió un fuerte golpeteo en la parte delantera. A veces este ruido procede de la corredera de distribución o de las bielas que conectan las ruedas a los pistones, debido al desgaste, pero después de cortar el vapor todavía siguió oyéndolo. Pensó que las ruedas del boggie giratorio delantero se habrían salido de los carriles, así que frenó. Antes de que surtiera efecto, la máquina llegó a otra serie de cambios de agujas donde la locomotora y el tren descarrilaron. 
El impulso arrastró al tren hacia adelante sobre el balasto, y la máquina y los dos primeros coches atravesaron el arco de la izquierda del puente. La mayoría de los coches se soltaron y el que iba en cuarto lugar quedó literalmente triturado al chocar con los pilares del puente. El quinto era el coche Pullman Carmen, que quedó atravesado en las vías después de chocar contra la base de los arcos del puente. Su fuerte estructura le salvó de la destrucción, aunque quedó muy malparado porque los tres últimos coches le empujaron contra el puente.
Para entonces el tren ya no tenía inercia y, a pesar de haber descarrilado, los siguientes coches no quedaron muy dañados. Los cuatro primeros quedaron prácticamente destruidos e, inevitablemente, el número de víctimas en ellos fue elevado. Se contabilizaron 13 muertos, 21 heridos graves y 40 leves.
¿Cómo ocurrió este accidente? ¿Fue a causa del estado de la vía, de un problema en la locomotora, de su diseño, o acaso fue el tiempo el responsable? En la subsiguiente investigación -al frente de la cual estaba el inspector Sir John Pringle- quedó de manifiesto que incidieron todos estos factores en conjunto, sin ser ninguno de ellos el único responsable.
¿Qué fue mal?
Pronto se constató que las locomotoras de la Sene River 2-6-4T tenían fama en las antiguas rutas de SECR de unas prestaciones bajas. Había habido tres descarrilamientos previos en la Serie, todos en la línea de Swanley a Ashford, a pesar de que se hicieron modificaciones para el ajuste de la suspensión del boggie giratorio delantero y del posterior. Algunas unidades de la Serie se utilizaron en la línea Londres-Brighton y en esa ruta no se informó de que existiesen problemas.
Después de que una de las grandes máquinas tender de LBSCR descarrilara, se sugirió que el agua se había salido de los depósitos provocando un movimiento de bamboleo que disminuía la estabilidad de la máquina. ¿Le había pasado lo mismo a la n° 800 en Dunton Oreen? Sir Herbert Waiker, el director general de Southern Railway no estaba muy satisfecho con los resultados de las máquinas de la Serie River y como primera medida las retiró del servicio hasta que se comprobara su funcionamiento. Sin embargo, Sir John Pringle (el responsable de la investigación) sospechaba que el fallo no residía enteramente en el diseño de la máquina.
Se puso en contacto con Nigel Gresley, ingeniero jefe de LNER y acordó realizar una serie de pruebas en la línea principal de la antigua Great Northern Railway, entre St. Neots y Huntingdon, que incluía las contracurvas a lo largo del río Ouse, en Offord. Se utilizaron dos máquinas de la Serie River 2-6-4T; una, la n° A803 era de dos cilindros y la otra, la n° A890 era la única existente de tres cilindros. La locomotora ténder de la Serie King Artur 4-6-0 (n° E782) intervino en la prueba como testigo. Las locomotoras de la Serie River corrieron con la chimenea y la carbonera hacia adelante a velocidades de hasta 129 km/h y todos los informes fueron positivos respecto a su estabilidad y suavidad de funcionamiento sin que hubiera indicios de bamboleo.
Waiker quiso realizar también algunas pruebas en otras de sus líneas principales, la antigua ruta de London & South Westem Railway entre Walton on Thames y Woking, donde los trenes expreso circulan regularmente a una velocidad de hasta 130 km/h. Pero allí la historia fue muy diferente. Las 2-6-4T circularon todas con fuertes bamboleos incluso en los tramos rectos. Los ingenieros independientes que supervisaron las pruebas opinaron que las máquinas corrían peligro de descarrilar. Incluso la King Artur 4-6-0, una Serie que se utilizó con regularidad en la ruta, respondió tan mal como las 2-6-4T.

El sólido coche Pullman Carmen soportó bien el accidente. La luz del destrozado vestíbulo todavía seguía encendida al día siguiente del suceso. El coche, construido en 1891 pero todavía en servicio, fue desguazado allí mismo.
Sir John Pringle decidió que había que revisar con más detalle los estándares de las vías. El terraplén cercano a Dunton Green estaba formado por greda y, el balasto de asiento, en parte por piedra y en parte por guijarros mezclados con tierra o ceniza para darle consistencia. El balasto formado por guijarros o grava extraída de la costa no sujeta la vía tan firmemente como la piedra de cantera triturada con aristas afiladas, porque los guijarros son redondeados y se mueven con más facilidad; de ahí la necesidad de emplear un agente aglutinante. Eso hacía que hubiera poco drenaje. El balasto de guijarros se utilizaba también como balasto de superestructura, e igualmente con aglutinante.
La parte inferior de las traviesas estaba a nivel con la zanja de drenaje, que facilita la salida del agua para que no se estanque en la superficie de la vía. Sin embargo, el agua de lluvia no se podía drenar fácilmente del balasto y, con las grandes lluvias de ese verano, sin duda había zonas blandas en los terraplenes de greda y en el balasto que sustentaba las traviesas. Con el peso del tren circulando a toda velocidad, las traviesas habían ido hundiéndose poco a poco en el balasto, que a su vez se había incrustado en el lecho de greda. Había, por tanto, desniveles en la vía que hacían que la locomotora se bamboleara en marcha.
Vías en mal estado
Sir John Pringle llegó a la conclusión de que la vía en Dunton Green no cumplía con los estándares requeridos para la circulación de trenes pesados y rápidos. No sólo se trataba de que el lecho de la vía y el balasto fueran deficientes en algunas zonas, que no tuvieran el drenaje apropiado, sino que la propia vía no estaba en buenas condiciones de mantenimiento. No tenía peraltes adecuados (la elevación de los raíles externos en las curvas) ni el ancho de vía preciso. Sir John Pringle estaba convencido de que las fuertes lluvias de la mañana del día del accidente habían contribuido a aumentar los defectos de la vía.
Recomendó que SR acometiera el reforzamiento del lecho en algunas secciones para mejorar la cimentación de las vías y colocar una buena capa de balasto de piedra pura debajo y alrededor de las traviesas.
La empresa tenía menos de cuatro años de existencia y había heredado las vías de sus antecesores. La South Eastem Railway utilizó balasto de guijarros o grava que venía de la zona de Dungeness y aunque barato, abundante y adecuado para las cargas ligeras y velocidades moderadas de la época victoriana, era inadecuado para el rápido y pesado tráfico de la época posterior a la Primera Guerra Mundial. Como resultado de los comentarios de Sir John Pringle, Southem se decidió a mejorar los estándares de sus principales rutas con un balasto adecuado.
Por lo que se refiere a las locomotoras de la Serie River, el informe de Sir John Pringle, basado en las pruebas, dejó claro que tanto el ajuste de la suspensión como el elevado centro de gravedad y la pérdida de agua de los depósitos contribuían a incrementar el movimiento de vaivén producido por una vía en mal estado, que en determinados momentos podía ser peligroso. Esto fue suficiente para Sir Herbert Waiker. Retiró las locomotoras ténder de la Serie River y las hizo reconstruir con depósitos laterales y eliminando la carbonera trasera para convertirlas en las máquinas ténder 2-6-0 conocidas como la Serie U o, en el caso de las máquinas de tres cilindros, la Serie U1.

Los grandes depósitos de agua de la serie River estaban situados sobre una elevada plataforma, lo que hacía que el centro de gravedad de estas locomotoras también fuese elevado. Antes del accidente ya se había decidido no seguir fabricando estas máquinas, ya que los trenes cada vez más pesados hacían inadecuada su capacidad de agua.


Este coche fue enderezado durante las operaciones de salvamento. De las ocho unidades de que se componía el convoy sólo fue posible reparar cuatro, ya que la estructura de madera revestida de acero no soportó bien el choque. 
Al fondo de la fotografía, junto al terraplén, puede verse la locomotora.
                 












Rodando hacia el desastre
Un conjunto de factores hacen sospechar que el desastre de Sevenoaks era algo que no cogió por sorpresa. Al principio se culpó del choque al diseño de la Serie River 2-6-4; en consecuencia, fue retirada del servicio inmediatamente. 
La serie había sufrido ya tres descarrilamientos -en Bearsted, Maidstone East y Wrotham- y se creía que el elevado centro de gravedad derivado de la ubicación de los depósitos de agua era el factor determinante. Sin embargo, las locomotoras rodaron sin problemas en la línea LNER entre St Neots y Huntingdon, que tenía un buen mantenimiento. La vía de SR, con un balasto muy ligero, no era lo bastante firme para soportar los modernos trenes, más rápidos y pesados; el balasto tampoco drenaba muy bien y aquel verano de 1927 había batido el récord de lluvias. Todas estas circunstancias combinadas hicieron que la River Cray se abalanzara a una carrera que acabó en el descarrilamiento.
Máquinas ténder exprés
Después de ver como LBSCR operaba con máquinas 4-4-2T, 4-6-2T y 4-6-4T, SECR introdujo, después de la Primera Guerra Mundial, la Serie K 2-6-4T. Las grandes máquinas 4-6-4T de LBSCR habían tenido algunos problemas, entre ellos el bamboleo a causa de las pérdidas de agua de los depósitos, que se solucionó con mamparas en su interior. Pero igual que la Serie 2-6-4T de SECR, las Brighton 4-6-4T se volvieron a construir como máquinas ténder de la Serie Remembrance. Cuando la serie River fue reconstruida, los depósitos y boggies se almacenaron en Ashford y se integraron en las 15 máquinas de la Serie W 2-6-4T.

Recomendaciones
Sir John Pringle descubrió que el accidente de Sevenoaks tuvo diversas causas. Los estándares de la vía eran pobres. El balasto de guijarros compactados con ceniza y tierra no era adecuado para sustentar unas vías por las que tenían que circular trenes rápidos y pesados. El drenaje era malo y las traviesas estaban a veces situadas por debajo del nivel del desagüe, por lo que el agua se estancaba en la vía. Los niveles superiores de la vía quedaban fuera de los límites; en consecuencia, el peralte de las curvas no era uniforme, lo que hacía que las máquinas se bambolearan. Las lluvias contribuyeron a que se formaran zonas blandas y, por tanto, las traviesas y el balasto se hundían en el lecho de greda. Las máquinas de la Serie River habían mostrado su inestabilidad en distintas vías, pero en las pruebas realizadas se comprobó que rodaban muy bien sobre vías en buen estado de mantenimiento, como la línea principal Great Northern. Sir John recomendó que se llevara a cabo el reforzamiento de la vía y que se dotara a las patrullas de vigilancia con herramientas y equipo adecuado para mantener en buen estado la línea, especialmente el peralte de las curvas.
Fuente: El Mundo de los Trenes - Ediciones del Prado S.A. 1998 - Madrid - España